En México, los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad representa el 10% de la población total (UNFPA/IMJUVE, 2012). El 51% de ellos se encuentra en situación de pobreza: 32.7% vive en una situación de pobreza moderada y 18.3% en pobreza extrema (CONEVAL, 2010), esto los coloca en una posición de vulnerabilidad, pues su acceso a la estructura de oportunidades académicas, laborales y sociales es limitado.

Este estudio pretende conocer cuáles son las características y necesidades de los jóvenes habitantes de una zona urbana y de una zona rural indígena, para identificar elementos que puedan explicar la situación juvenil e informar procesos de cambio y mejora.

El estudio consta de dos etapas, en la primera, cuyos resultados preliminares se reportan en este trabajo, se aplicaron instrumentos cuantitativos de logro académico (Batería Woodcock-Muñoz, 1996), de rasgos de personalidad (The Short Grit Scale, 2007; BFQ-NA, 1998), de calidad de vida en relación a la salud (KIDSCREEN-52, 2005), sobre nivel socioeconómico (AMAI, 2008), así como una ficha inicial con información general.

La muestra estuvo conformada por un total de 235 alumnos que cursan el tercer semestre de bachillerato. En la zona indígena, se trabajó con la totalidad del alumnado de la única escuela de bachillerato (n= 35); en la zona urbana,  se trabajó en una escuela que atiende a un total de 664 alumnos en el turno vespertino y se evaluó a cinco grupos de un total de diez de tercer semestre (n=200). La selección de grupos y alumnos fue por oportunidad.

Los resultados preliminares indican que existen diferencias significativas entre ambos contextos. Los jóvenes en el contexto rural indígena pertenecen  a los niveles socioeconómicos más bajos (AMAI); en las pruebas de logro académico (Woodcock-Muñoz) en promedio se ubican en un nivel limitado y ninguno alcazó el nivel medio avanzado en la calificación global las escalas aplicadas; de igual manera, su percepción de salud y bienestar (KIDSCREEN) aparecen mermados comparados con los jóvenes de contexto urbano.

Estos resultados muestran que el nivel de vulnerabilidad de los jóvenes está asociado con su lugar de residencia y, por tanto, el nivel de marginación de éste. En una segunda fase de este estudio, se profundizará en la determinación de características y necesidades, mediante instrumentos cualitativos y se diseñará un programa de apoyo específico para cada zona bajo estudio.